La discriminación por edad, conocida como edadismo y, cuando se dirige a personas adultas mayores, como viejismo, puede estar presente en acciones que muchas veces se consideran cotidianas. La sicogerontóloga Varinia Herrera Castro advirtió que infantilizar a las personas mayores, ignorar sus opiniones, menospreciarlas o hacer burlas sobre su edad y condiciones puede tener consecuencias en su bienestar y contribuir a problemas como depresión y ansiedad.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el edadismo ocurre cuando la edad se utiliza para categorizar a las personas de manera que genera daño, desventaja o injusticia. Esta discriminación puede afectar tanto a jóvenes como a adultos mayores, por ejemplo, cuando se les niegan oportunidades laborales por considerar que no cuentan con la edad adecuada. En México, el fenómeno cobra mayor relevancia ante el crecimiento de la población mayor: en 2025 había 17 millones 121 mil 580 personas adultas mayores, equivalentes al 12.8 por ciento de la población, según datos del Consejo Nacional de Población.
Una muestra reciente de este problema ocurrió con las diputadas poblanas Nayeli Salvatori y Grace Palomares, quienes realizaron comentarios burlones sobre hombres mayores durante su podcast “Descasadas”. Tras la polémica y las críticas en redes sociales, ambas ofrecieron disculpas y la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena determinó suspenderles sus derechos partidistas, aunque la medida no afecta sus funciones legislativas. El caso volvió a poner sobre la mesa la importancia de cuestionar expresiones que normalizan la discriminación por edad y promover una convivencia basada en el respeto y la dignidad.


