Entre el ritmo acelerado de la Ciudad de México, donde miles de personas utilizan diariamente el Metro para llegar a sus destinos, también surgen historias que demuestran que este sistema de transporte puede ser el escenario de encuentros que transforman vidas. Así ocurrió con Lorna y Esteban, cuya historia comenzó con una mirada en la estación Portales de la Línea 2.
Lorna recuerda que lo que parecían coincidencias no eran casualidad. Esteban la había visto anteriormente y decidió modificar las rutas de entrega de mercancía de su trabajo para intentar encontrarla de nuevo. Tras varios intentos, reunió el valor para acercarse con preguntas sencillas sobre la hora o el tiempo de espera del siguiente convoy. Con el paso de los días, las conversaciones se hicieron más largas y la confianza fue creciendo hasta que intercambiaron números telefónicos e iniciaron una relación.
Aunque sólo compartían un trayecto de tres o cuatro estaciones, esos breves minutos fueron suficientes para conocerse mejor. Después de un año de noviazgo, Lorna, quien vivía en la Ciudad de México, y Esteban, originario del Estado de México, decidieron comenzar una nueva etapa juntos. Hoy, su historia demuestra que, incluso entre las prisas y los andenes del Metro, un encuentro inesperado puede convertirse en el inicio de una vida en pareja.


