Llegar a vivir en la calle rara vez ocurre de un momento a otro. Detrás de esta realidad existen historias marcadas por pérdidas, violencia, traumas, falta de redes de apoyo y dificultades para acceder a atención de salud mental. Especialistas y personas que han experimentado esta condición coinciden en que la vida en el espacio público también se vuelve más difícil por la discriminación, el aislamiento y la falta de acompañamiento integral.
De acuerdo con el Inegi, en el Censo de 2020 se contabilizaron 5 mil 778 personas sin vivienda en México, aunque especialistas advierten que existe un subregistro. En la Ciudad de México, las cifras oficiales señalan que el número de personas en situación de calle pasó de 900 a 2 mil 878 entre 2022 y 2025. Historias como la de Mario muestran el lado humano de estas cifras: después de la pandemia perdió a su hija Valentina, de apenas seis meses, su esposa se fue con su primera hija y además perdió su empleo en el sector hotelero.
Ante estas circunstancias, Mario terminó viviendo en la banqueta, enfrentando peligros, basura y la incertidumbre de cada día, pero también encontró compañía entre “los compitas” y “los valedores”. Su historia recuerda que detrás de cada persona que vive en la calle existe una trayectoria personal y que comprenderla implica mirar más allá de los estigmas y reconocer las circunstancias que pueden llevar a alguien a perderlo todo.


